La leyenda del mechudo, una historia de Loreto.
La leyenda del mechudo.
Cuenta la leyenda que allá por los siglos XVII y XVIII, Los misioneros realizaban su titánica labor evangelizadora en el puerto de Loreto, que fuera capital de las Californias.
Los aborígenes habían adoptado la costumbre, a petición de los religiosos, de rendir tributo a la patrona del lugar, la Virgen de Loreto, entronizada en una improvisada misión.
Un día, uno de los misioneros pronunció un exhorto a los indios a fin de que, a bordo de canoas, se dirigiesen a las procelosas aguas del Golfo de California para que extrajesen la perla más grande y hermosa, que sirviera para adornar la corona de la Virgen.
Partió la expedición de los indios acompañados de dos misioneros. En el grupo iba también un guama, hechicero de la tribu, que miraba con recelo las prácticas religiosas de los nativos.
Las piraguas, después de accidentada navegación, llegaron a un lugar denominado San Francisquito, cercade la isla de San José. Se disponían ya a arrojarse a las aguas los indios, buzos de capuz, por lo que el misionero les repitió el deseo de rescatar la bella perla. El guama escuchó el rezo y de inmediato dijo:
“Si ustedes van a descender por una perla para la Virgen, justo es que yo me arroje para traer una para el diablo”
Los indios se arrojaron al mismo tiempo. Paso largo rato, y el relato añade que en el lugar en el que se arrojo el hechicero guama el mar tuvo un momento de ebullición.
El indio rebelde nunca regresó a la superficie, y el resto de los buzos no pudo ocultar su espanto al recordar la terrible blasfemia del brujo.
Pasaron los años, y en los labios de los pescadores corrió la terrible leyenda de que nadie, a la fecha, se atreve a descender en la punta del mechudo porque en la profundidad se observa un monstruo oculto entre cabellos espeluznantes, que apenas deja ver una lanza con la cual anda buscando la perla para el diablo.
El terror se apodera de todo buzo que se decide a violar la guarida del fantasma del Golfo de California.
Algunos pescadores mueren de la impresión de ver al guama, condenado a guardar un rico banco de perlas entre exclamaciones blasfemas.
En punta mechudo se revela la verdad de la leyenda: las olas producen un remolino que es un peligro para las embarcaciones, las cuales cambian de rumbo para no pasar por el sitio de la leyenda.
Bibliografía:
Libro: La Paz de antaño.
Autor: José Rogelio Olachea Arriola
Año : 1990
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