Historia y anecdotas de la California del Sur

A proposito del carnaval en La Paz

CONFETI, texto de Rosamaría Mendoza Salgado

CONFETI.

Han pasado las celebraciones navideñas y poco a poco desaparecen las piñatas, esferas, flores de noche buena y la multitud de coloridas luces con que se engalanó mi ciudad y puerto.

Pronto estaremos sumergidos en el remolino de color y algarabía con que se celebra la tradición de mayor arraigo en el puerto de La Paz, el carnaval.

Carnaval, fiesta que se realiza durante los días que preceden a la cuaresma; tiene sus antecedentes en las bacanales griegas, las saturnales romanas y entre Los Galos, durante la época de la recolección de muérdago.

En nuestro país el carnaval se celebra en comunidades de la región central, con danzas y ritos; en los puertos como Mazatlán, Veracruz, Acapulco, La Paz, Cabo San Lucas y Vallarta, durante estos días, las calles y los salones de baile, derrochan alegría con vistosas mascaradas, comparsas, carros alegóricos y toda clase de regocijos.

En la nota que apareció en la sección de sociales, en el diario La voz de california de Felipe R. Cota, el 14 de febrero de 1884, se lee: Jóvenes entusiastas por el culto a Terpsícore, preparan dos bailes suntuosos que animarán la temporada de Carnaval. Ya veremos…

Esta breve crónica da sustento, para afirmar que, en el puerto de La Paz, la celebración del carnaval inició a finales del siglo XIX; participando de manera entusiasta en su organización los jóvenes de familias reconocidas en la ciudad, quienes conformaban comités para apoyar a sus respectivos candidatos, a reina y rey del carnaval. Los bandos, se distinguían vistiendo colores como rosa y negro o amarillo y azul, según fuera el caso; con tal fin llevaban a cabo diversas actividades para obtener los fondos necesarios con que adquirir los faustuosos trajes que lucirían la reina y su corte, mientras los gastos de orquesta y brindis corrían a cargo de los señores de mayor solvencia económica de la ciudad, las tertulias se llevaban a cabo en las residencias de las familias paceñas. El confeti y serpentinas que pintarían de color estos días, las regalaban al hacer las compras diarias las tiendas La Torre Eiffel y La Perla de La Paz, los cascarones, parte fundamental del juego carnestolendo, se preparaban durante todo el año por cada familia.

Los trajes de los participantes en los desfiles y la corte real eran un derroche de ingenio y lujo. Se recuerda en especial al inicio del siglo XX, la recreación de un vestido inspirado en la época de la reina María Antonieta, de Francia, confeccionado en colores rojo y oro, bordado a mano en seda y perlas, que lució María Labastida, la reina de 1904, Laura Hidalgo, fue coronada en 1905 vestida de color de rosa y perlas; la anécdota de este carnaval fue que el pueblo la llamó La Reina viuda, ya que el rey no pudo acompañarla debido a un problema de salud.

El rumboso baile de carnaval de 1906, se efectuó en los amplios salones de la residencia de la familia González de la Toba, que ostentaba el nombre de La Torre Eiffel (por haberse inaugurado en el mismo año que la estructura de metal que lleva ese nombre, en París, Francia en 1896) en donde fue coronada como reina de las fiestas, María Amparo González, llevando como rey a Antonio Ruffo; María vistió para la ocasión un espléndido vestido color violeta con aplicaciones de encaje crema bordado con cristales y perlas; de voz en voz se pasó la descripción de los detalles de este traje, en especial admiración sobre el oriente de las perlas con que se bordó el escote del vestido, se comentó que debido a que el sr. González, padre de la reina, era comerciante perlero, las perlas procedían de nuestros mares. Durante las fiestas del reinado de Lupe Savín y Carlos Carrillo, en 1907, además del confeti, se entablaron batallas florales, lo que fue un detalle muy comentado.

El carnaval de 1908 se distinguió por la alegría que predominó en su celebración, en el reinó Margarita González Rubio. Quien mejor se refería a este carnaval era Cuquita Taylor Cota, paceña que gozó de cariño y admiración en el puerto; ella, a sus 15 años, fungió como dama de honor de la reina. El tema principal fue Turquía, y para que no se escapara ningún detalle, los trajes de la reina, la corte, el maquillaje y los carros alegóricos, fueron dirigidos por un comerciante originario de aquel país, avecinado en Mazatlán, Sinaloa, quien vino exprofeso a participar en los festejos.

Las tertulias populares se efectuaban en el jardín Velasco, sitio al que coloquialmente los habitantes se referían como La plazuela. En donde las batallas con confeti duraban hasta bien entrada la noche. La reina del carnaval encabezaba el desfile por las calles centrales en majestuosas carrozas, escoltada por jinetes que leían edictos de alegría que indicaba la soberana, montando caballos lujosamente enjaezados.

La fiesta alcanzaba tal magnitud, que las señoritas pronto agotaban las hojas de su carnet con los nombres de los jóvenes que solicitaban bailar con ellas lanceros, galopas, polcas y contradanzas y, ante el aumento de solicitudes, se veían obligadas a escribir los nombres de sus pretendientes en sus guantes, memorias de hermosa paceñas que vivieron esta romántica época.

Después de la breve interrupción causada por la marea revolucionaria, la tradición se retomó en 1923, siendo durante los alucinantes años veinte que los carnavales vuelven a ser el centro de atención de los porteños. Para entonces, ya se contaba con un casino social (regia construcción ubicada en Independencia y Revolución) en sus salones, los bailes fueron inolvidables.

La Paz contaba con los más recientes modelos de automóviles que había en el mercado, el modelo A con capota de lona, se prestaba a que con los toldos bajos a medida que daban vueltas rodeando la Plaza, se entablaran combates de confeti, flores y serpentinas.

Las fiestas las amenizaba la orquesta de Filomeno Mijares y otros grupos, venidos de la contracosta. La hermosa reina Tota Moreno, bajaba del trono real, en el templete que se levantaba frente al palacio de gobierno, para participar con todos los concurrentes.

Fue a mediados de 1930 cuando se instituyó el Paseo marítimo de la Reina por la Bahía de La Paz, después de la coronación, alrededor de las 12 del día. Esta lucida tradición se mantuvo hasta mediados del siglo XX, días en que la belleza de hermosas californias iluminó los festejos, entre ellas Susy Fernández, Jesusita Manríquez, Chelo Nava, Manuelita Cita Boucíguez, Pilar Moreno, Flora Angúlo, Lili Torre y Aurora Villamontes.

Los años cuarenta llegan con nuevos ritmos musicales y otra moda en el vestir, en su transcurso se coronó a Socorro Lizardi, Chayito Rochín, Tichi Calderón, Arcadia Nena Beltrán y Beatriz Muñóz. Durante los carnavales de la década de 1950, ya participamos en las celebraciones carnestolendas y admiramos el donaire de las reinas Josefina Aragón, Bibi Martínez, Alicia Unzón, Blanca Mendoza, María Luisa Ayala, Toñita Fernández, Blanca Fisher, y María de Jesús Sánchez.

El comité central del carnaval consolidó el prestigio de estos festejos en las décadas de 1960, 1980 y 1990, con calidad, orden, y alegría, y los enriqueció con eventos culturales en el marco de los Juegos Florales, en donde se coronaba a la reina de la poesía y se reconocían los valores culturales de nuestro Estado. Actualmente las fiestas se desarrollan en el malecón, donde la tarde se tiñe de rosa y púrpura con resplandores de oro, bajo el suave abanicar de alas de mariposas sobre el azul del mar.

* Rosa María Mendoza Salgado, cronista. *

La Paz Baja California Sur, febrero de 1997.

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